Un acuerdo sobre lo fundamental

¿Y qué podría ser eso tan fundamental?, ¿la crisis pospandemia?, ¿la generación de empleo?, ¿la reforma tributaria?, ¿el asesinato de líderes sociales?


Por: Felipe Murillo Páez


Sin saber muy bien cómo y sin darnos cuenta cuándo, nos vimos inmersos en un espectro de polarización en el cual la izquierda y la derecha combaten con insultos, calumnias, demandas, juicios y toda clase de artimañas que puedan ser útiles para desacreditar al adversario y hacerse de unos cuantos votos para asegurarse un lugar en el poder, basados en estrategias contemporáneas como acudir a las fake news o algunas antiquísimas como pretender dividir y reinar. La oposición del país, compuesta en su gran mayoría por militantes de izquierda, que tanto hacia hincapié al gobierno de Donald Trump por su xenofobia hacía los latinos y que proveyó de comentarios despectivos el gobierno de Iván Duque por la decisión de vacunar exclusivamente a ciudadanos colombianos, se convertiría en la misma oposición que haría fuertes críticas al gobierno colombiano por el estatuto de protección para regular a migrantes. La misma oposición que hoy en el poder local perjudica el patrimonio de los vendedores ambulantes, es la misma que en campaña hace dos años criticaban a los alcaldes y al gobierno nacional por no garantizar sus derechos. De igual forma, se evidencia cuando hay protestas y se recurre a la represión policial.

Un ejemplo claro de ello son las represiones en las marchas de 2019 que terminaron en la muerte de Dylan Cruz, Claudia López antes de ser alcaldesa expresó que bajo su mandato esto no iba a suceder. Sin embargo, en las protestas por el asesinato de Javier Ordóñez a manos de la policía en 2020, los mismos miembros de la policía nacional disparaban a diestra y siniestra contra la población en un breve momento de anarquía en la capital. Vendedores ambulantes, estudiantes, protestantes y otros sectores de la sociedad usados como foco político para criticar al gobierno de turno y así acuñarse la bandera de un cambio que poco a poco se parece más a lo mismo, es como sacar agua sucia de un pozo, hervirla en casa y culpar a la olla de su impureza. Por otro lado, en los últimos días la oposición ha anunciado una nueva coalición de centro izquierda o socialdemócrata, la cual basa sus pilares en una economía de mercado, Estado de derecho y separación de poderes. No obstante, la mayoría de sus integrantes son grandes defensores de la intervención gubernamental en la economía (lo opuesto a la economía de mercado), olvidando por qué fracasó la economía planificada en los países en dónde se aplicó.

La derecha tradicional, por más coaliciones que intenta gestionar se ve desvanecida, tiene un líder desgastado, investigado y obsesionado con el poder, no tiene un claro candidato que represente los intereses de los colombianos, tiene posiblemente más investigaciones en su contra que militantes a favor y los ciudadanos aclaman un cambio en las riendas de la administración nacional.

Por lo tanto, tenemos una oposición dedicada a la crítica por el simple hecho de ser de oposición, una nueva centro izquierda confundida ideológicamente y una derecha atornillada en el poder con pocas estrategias democráticas para perpetuarse en él. Como bien expresaba Gómez Hurtado hay que hacer un esfuerzo por concentrarnos en lo fundamental y no en aquello en lo que no nos vamos a poner de acuerdo.


En Colombia hay mucho por hacer, mucho por cambiar y mucho por mejorar, aunque no es una cuestión netamente de quien resida en la Casa de Nariño o quien sesione en el Congreso, si tienen el poder de afectar para bien o para mal el devenir de millones de ciudadanos.

¿Y qué podría ser eso tan fundamental?, ¿la crisis pospandemia?, ¿la generación de empleo?, ¿la reforma tributaria?, ¿el asesinato de líderes sociales?

Para este columnista lo fundamental sería averiguar qué tanta libertad están dispuestos a aceptar los individuos para interactuar económica y socialmente (como vender bienes y servicios en un parque o marchar) y qué tanta presencia del Estado debe existir para garantizar que los derechos de los ciudadanos sean respetados a cabalidad. Sin embargo, parece ser que por ahora lo fundamental para nuestros líderes es asegurarse su silla en la oficina presidencial a como dé lugar, aprovechándose de la confusión popular.



Felipe Murillo es economista. Maestrante en Economía y Ciencias Políticas y miembro del Consejo Académico de Libertank



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