3 propuestas para atraer negocios a Colombia

Por Juan David García Vidal


La facilidad para hacer negocios y la mejoría en la calidad de vida van de la mano. Así lo demuestran dos indicadores que se ocupan de la libertad económica y los negocios en el mundo.

El primero es el índice de libertad económica que elabora anualmente la fundación Heritage conjuntamente con el periódico Wall Street Journal, en cuya edición de 2020, Colombia figura como un país moderadamente libre en su economía. Tiene un modelo económico mixto, con sectores en los que predomina el libre mercado, conviviendo con otros fuertemente intervenidos por el estado. Ocupa el puesto 45 entre 186 economías analizadas. El país mejoró en la última medición, pues en el año 2019 se encontraba en el puesto 49. Sin embargo, en el año 2018, Colombia ocupó el puesto 42. Este estudio analiza, en términos generales, la política económica y la legislación de cada país, como el nivel de impuestos, la libertad para comerciar, la protección de los derechos de propiedad, la percepción de corrupción, entre otros.


El segundo es el índice de facilidad para hacer negocios o Doing Business del Banco Mundial. En la versión de 2020, Colombia ocupa el puesto 67 en el mundo, entre las 190 economías examinadas. En este indicador clave para los inversionistas, el país viene cayendo vertiginosamente, pues en 2016 ocupaba el puesto 51, mientras que en 2017 pasó al puesto 53. En 2018 bajó a la posición 59 y el año pasado, 2019, estaba en el puesto 65. Esto significa que Colombia es un país cada vez menos atractivo para invertir y para hacer negocios. El estudio del Banco Mundial mide las facilidades o los obstáculos de cada estado para que los empresarios e inversionistas hagan negocios dentro de sus fronteras, comparando, por ejemplo, el número de días necesarios para abrir una empresa, el tiempo consumido en el año por una compañía en calcular y pagar sus impuestos, los documentos necesarios para importar o exportar una mercancía, entre otros.


Ambas clasificaciones mundiales ofrecen pruebas empíricas, comparables y verificables, de que la libertad no sólo es un derecho fundamental indisolublemente ligado a la dignidad de las personas, sino que también fomenta la creación masiva de riqueza y bienestar en los lugares del planeta donde se respeta y se estimula. De ahí que las primeras posiciones de ambas clasificaciones las ocupen las economías que más han prosperado en las últimas décadas, como Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong o Corea del Sur, mientras que los lugares con economías más cerradas e intervenidas por el estado, en las que resulta casi imposible hacer negocios libres y privados, como Cuba, Venezuela o Corea del Norte, están hundidos en la miseria y la tiranía.


Las lecciones de los países que más han prosperado en los últimos años, a partir de la liberalización económica y de la facilidad para hacer negocios en su territorio, permiten plantear, en términos generales, tres propuestas concretas e iniciales que contribuirían enormemente a hacer de Colombia un país más atractivo para la inversión, los negocios y, por ende, para la generación masiva de empleo, riqueza y bienestar. Son las siguientes:


1. Simplificar los trámites y las regulaciones para hacer negocios, pagar servicios públicos e impuestos; importar, exportar, contratar o despedir empleados, registrar propiedades y establecer empresas: Hay que avanzar hacia una ventanilla única digital de registro para que en un solo trámite y en pocos minutos, sin necesidad de presencia física, se cumpla con un registro unificado de empresas, de importación, de trabajo o de impuestos, como sucede, por ejemplo, en Nueva Zelanda. Hay que informalizar la formalidad para hacerla más sencilla, más barata y, por ende, más general.


2. Flexibilizar y liberalizar el mercado laboral: Un buen comienzo sería la eliminación de los llamados “parafiscales”. Hay que reducir o preferiblemente eliminar las costosas indemnizaciones por despido, junto con las convenciones colectivas y las normas de salario mínimo, permitiendo que el mercado del trabajo opere de forma libre, voluntaria, responsable, competitiva y acorde con las circunstancias reales de cada empresa y de la productividad de cada trabajador, como sucede, por ejemplo, en Dinamarca. Hay que simplificar, facilitar y abaratar la generación de empleo, quitándoles obstáculos y costos a los empleadores. Es el único camino para reducir drásticamente la informalidad y el desempleo.


3. Transformar el sistema tributario: Colombia necesita urgentemente un sistema tributario sencillo, comprensible para todos, estable, seguro, transparente y competitivo. El modelo tributario que mejor cumple con esto es el de un impuesto plano y bajo, también conocido como Flat Tax, siguiendo el ejemplo exitoso de Estonia. Se trata de un impuesto único al consumo, que sustituiría al impuesto sobre la renta, al del valor agregado y al de las ventas. Este impuesto le aplicaría una tasa baja (menos del 15%) y única, sin exoneraciones ni excepciones, a los ingresos netos tanto de las personas naturales o físicas como de las personas jurídicas, tengan o no fines de lucro. Se gravaría la repartición de beneficios empresariales, pero no los beneficios que se reinviertan en las empresas. Este impuesto lo pagarían las personas y empresas que generan ingresos o riqueza, no los desempleados, ni los más pobres, que no generan ingresos ni producen riqueza, tampoco lo pagarían las empresas que están generando pérdidas. Por lo tanto, no discrimina ni privilegia a ningún grupo social o económico. Este sistema tributario sería más justo, más transparente, más atractivo para los negocios y las inversiones, más fácil de pagar y, por ende, más fácil de controlar, reduciendo drásticamente la evasión y la elusión. Un país con una población y unos empresarios ahogados en impuestos altos, enredados y cambiantes, como Colombia, jamás prosperará. Hay que dar a conocer mundialmente a Colombia como el lugar de los impuestos bajos, estables y fáciles de cumplir. Sería una reforma políticamente difícil de aprobar, pero es necesaria para hacer de Colombia un mejor país.



Juan David García Vidal, es abogado, con maestrías en derecho económico y negocios internacionales en la universidad de Georgetwon y en relaciones internacionales en la Universidad Externado y el Instituto de Estudios Políticos de Paris. Ha trabajado en el Banco Mundial, ha sido catedrático en la Universidad EAFIT, actualmente es conferencista, asesor jurídico y director académico de LIBERTANK.

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