Que el estado no obstaculice la recuperación

Por Juan David García Vidal


Hay que actuar rápido y con decisión para minimizar al máximo los duros efectos que tendrá la próxima recesión económica derivada del coronavirus, la cual se caracteriza porque gran parte de la humanidad ni produce ni consume más de lo necesario, algo propio de una guerra mundial. De acuerdo con Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial del Comercio, nos espera la recesión más profunda de nuestros tiempos, con una caída del 32% de intercambio comercial en el mundo. En este sentido, muchos economistas estiman que la crisis que se aproxima duplicará en gravedad a la de 2008.


En este contexto, lo mejor que pueden hacer los gobiernos es no estorbar. La gente y las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, deberían aprovechar esta difícil situación para exigirles a los políticos y a los burócratas del estado que les quiten las numerosas, costosas e innecesarias cargas, obstáculos y restricciones que les impiden adaptarse mejor a las nuevas circunstancias, encontrando oportunidades y soluciones novedosas que les permitan no sólo superar la crisis, sino salir fortalecidos de ella.


Vivimos un momento de inflexión histórico que determinará, en gran medida, el devenir de las próximas décadas. Si se imponen los que piden aún más estado y menos libertad económica, estaremos abocados a padecer una crisis más larga y más profunda, con impuestos voraces y regulaciones absurdas que violan los derechos de propiedad y ahogan la capacidad de innovación de la gente y de los empresarios. Esto es así porque el estado no sirve para crear riqueza, sino para tomarla forzosamente, vía impuestos, a los que la crean para distribuirla de forma arbitraria, de acuerdo con los caprichos e intereses del político populista de turno, quien podrá ganar así elecciones más fácilmente, a costa de empeorar la situación general. Siempre es importante recordar que el estado no es el que crea el crecimiento sostenido de la economía, ni tampoco los trabajos productivos. Si así fuese, la Unión Soviética no hubiese desaparecido del mapa y países como Cuba, Venezuela, Zimbabue o Corea del Norte hoy no estarían entre los lugares más miserables del planeta, sino entre los más prósperos.


Por otro lado, si prevalece la libertad económica, es decir la cooperación social voluntaria de todos los que intercambian bienes y servicios, dentro del marco institucional del estado de derecho, garantizando y respetando la vida, la seguridad personal, la propiedad privada, la justicia y el cumplimiento de los contratos, será mucho más fácil que la sociedad civil se adapte más ágilmente a los cambios y desafíos de la emergencia sanitaria y del mundo que emergerá cuando ésta termine.


Para empezar a lograrlo, en primer lugar, hay que aplazar el cobro de todos los impuestos, permitiendo la refinanciación y la condonación de los que tienen que pagar las empresas y las familias más afectadas por el virus. También se debería hacer una rebaja temporal, por el resto de meses del año, de impuestos como el de renta y el IVA.


En segundo lugar, el estado debe quitarles casi todas las barreras, impuestos y aranceles a las telecomunicaciones, especialmente a internet y a los equipos que permitirían la automatización, manteniendo un marco regulatorio general, que permita más competencia, con precios más bajos y con la mejor calidad. Sólo así podrían sobrevivir y adaptarse muchas empresas y trabajadores independientes a las nuevas circunstancias.


En tercer lugar, se necesita un programa de amplia desregulación para las empresas y para los trabajadores independientes. Necesitamos que sea más fácil, más barato y más rápido cumplir con las obligaciones estatales para hacer negocios.


Por último, hay que facilitar la flexibilización, liberalización y renegociación de contratos laborales para que las empresas puedan distribuir las pérdidas con los trabajadores, pudiendo así subsistir, al tiempo que se reducen las cargas de aportes a la seguridad social.


Junto con la vida y la salud de las personas, lo más importante es cuidar las empresas y los empleos productivos. Sin embargo, con el propósito de compensar las rebajas de impuestos, el gobierno debería recortar drásticamente el gasto público en todas las áreas no esenciales y no relacionadas con el fortalecimiento del sistema sanitario, mientras ordena una reforma administrativa que reduzca su tamaño, su número de funcionarios y lo haga más eficiente. Sólo así, con un estado austero pero fuerte, con mercados libres, con facilidad para hacer negocios, con acceso a la mejor tecnología y con una sociedad civil fuerte, adaptable y resiliente, podremos superar exitosamente este duro desafío.


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Juan David García Vidal, es abogado, con maestrías en derecho económico y negocios internacionales en la universidad de Georgetown y en relaciones internacionales en la Universidad Externado y el Instituto de Estudios Políticos de Paris. Ha trabajado en el Banco Mundial, ha sido catedrático en la Universidad EAFIT, actualmente es conferencista, asesor jurídico y director académico de LIBERTANK.

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