No perdamos la batalla

Primero fue contra Rappi, este fin de semana contra D´Groupe, una empresa paisa que tiene como ADN la innovación, pues su eslogan es “la ciencia del arte y la imaginación”. Hace unos días se anunció por varios medios un evento nunca antes visto en Colombia para recaudar fondos y ayudar a los más vulnerables en esta crisis desatada por el COVID-19. Se trataba de un concierto aéreo a bordo de un helicóptero privado. En él, un artista acompañado únicamente por los tripulantes le regalaría a Medellín unos minutos de sano entretenimiento, sin que nadie saliera de sus hogares, mientras los más solidarios podían adquirir boletas simbólicas a través de una plataforma, cuyo recaudo sería destinado en parte a financiar la labor social de seis fundaciones. Una idea disruptiva de unos empresarios que, como cientos, tienen hoy el reto de reinventarse en medio de esta crisis y al mismo tiempo demostrar la infinita capacidad de ser solidarios que tienen los colombianos. Este tipo de iniciativas del sector privado le generan valor a toda la sociedad, pues gana el empresario al reinventarse, ganan los ciudadanos con un instante de entretenimiento en medio de la angustia y la zozobra y ganan los más necesitados con las múltiples donaciones que se recibirían.


Sin embargo, aparecieron los enemigos de la iniciativa privada e hicieron cancelar el evento. Esos mismos, hace unos meses atacaron a RAPPI, otra empresa que ha generado valor en toda la sociedad y que se ha convertido en un aliado indispensable para miles de hogares y pequeños negocios durante esta crisis. Con cierto desconocimiento o mala fe, estas personas atacan con mucha ligereza al empresario sin entender todos los sacrificios que hay detrás de cada iniciativa y de cada emprendimiento, especialmente en estos días. Son personajes con mucha influencia, capacidad de convocatoria y eco en algunos medios de comunicación. Están organizados y se aprovechan de uno que otro incauto que les cree el cuento. Incluso, con asombro hemos visto a algunos políticos de todos los partidos difundiendo igualmente su desinformación y apoyando sus causas contra la empresa privada; esos que Hayek llamaría los “socialistas de todos los partidos”.


Ellos tienen sin duda una estrategia clara: menospreciar al empresario, desprestigiar al gobierno y deslegitimar al modelo capitalista, con el fin de repetir en las próximas elecciones que el culpable de todos los males de la sociedad es el “modelo” o el “sistema”, mientras alzan los brazos de un candidato que represente la antítesis de las libertades privadas (ya hay varios perfilados). El problema es que están logrando su objetivo: Ganar pequeñas batallas.


En los diferentes escritos de LIBERTANK, hemos evidenciado cómo la imagen de los empresarios está en su peor nivel en la historia reciente. En febrero, la revista Dinero publicó los resultados de una encuesta de la empresa ACDI/VOCA, con un resultado poco alentador: El 87.3% de los colombianos no confía en sus empresarios. Este dato confirma lo que demostró en diciembre de 2019 la encuesta de Invamer Gallup, cuando la imagen desfavorable de los empresarios superaba a la favorable o lo que reveló la encuesta de percepción de “Medellín Cómo Vamos” en la que los empresarios en esta ciudad tienen la misma baja aprobación que los partidos políticos.


Es importante resaltar que esto no es un problema de percepción momentánea, como ya lo hemos argumentado. Quienes quieren destruir la iniciativa privada tienen un propósito claro y peligroso. Este no es un problema exclusivo de Colombia, ni es algo nuevo, los ataques a la libertad económica vienen desde hace siglos y ocurren en todos los países que gozan de ella.


La pregunta que muchos se hacen ahora es: ¿Qué vamos a hacer?


Los países con mayores niveles de libertad económica en el mundo han entendido que la defensa de estas ideas, que tanto bienestar genera en la sociedad, no es fácil, ni gratis. Incluso en Estados Unidos lo tienen grabado en uno de sus monumentos más importantes, el de los héroes de la guerra de Corea, que solo dice “Freedom is not free”, “la libertad no es gratis”. La defensa de la libertad ha tenido un alto costo, en términos de vidas humanas y de dinero.


Hoy, esa “batalla” por la libertad en Colombia no se da en buena hora a través del belicismo, sino a través de las ideas, lo que algunos han llamado la “batalla cultural”. Los países exitosos han entendido que defender la libertad económica requiere de centros de pensamiento fuertes, modernos, que le hablen a toda la ciudadanía, con propuestas innovadoras, y sin miedo a no estar dentro de lo “políticamente correcto”. Los empresarios de estos países han comprendido que no sólo se trata de hacer bien las cosas, de ser creativos, de manejar con eficiencia y pulcritud sus negocios, también deben promover las ideas que los gobiernan, a través de la financiación y el apoyo a centros de pensamiento.


Esa es precisamente la misión de LIBERTANK, convencer por medio de los argumentos y el uso de la evidencia a los colombianos de la importancia de la libre empresa y el libre mercado.  Lastimosamente desarrollar esta tarea no ha sido fácil, especialmente porque para hacerlo se requieren unos recursos económicos.


Hace unos días lanzamos una campaña de donaciones, que a pesar de la generosidad de quienes nos han aportado, sigue siendo insuficiente.

Por cada aporte, donamos el 20% a la campaña “Ayudar Nos Hace Bien” a través de la Fundación Solidaridad por Colombia, para ayudarle a los más vulnerables en esta crisis del COVID-19.


Los invitamos a hacer su donación, desde 30 mil pesos, así podremos continuar promoviendo estas ideas y dando nuestra batalla para que Colombia jamás entre a ser parte de la lista negra de países con menor libertad económica en el mundo, los cuales hoy solo producen pobreza, violencia y desolación.


Editorial LIBERTANK

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