El dinero público NO EXISTE


Por CAMILO GUZMÁN SÁENZ

Luego de la masacre de sus 17 hijos, y después de intentar convencer a sus antiguos compañeros de lucha (que se escondían cuando lo veían acercarse) de promover la guerra total, al coronel Aureliano Buendía se le oyó decir en Macondo que “la única diferencia actual entre liberales y conservadores es que los liberales van a misa de cinco y los conservadores van a misa de ocho”. Unos años antes de que el Nobel de literatura escribiera estas palabras, otro Nobel, esta vez de economía, Friedrich Hayek le dedicaba su obra más famosa “Camino de Servidumbre” a “los socialistas de todos los partidos”.


La crisis del COVID-19, vuelve a los políticos más creativos que de costumbre, y en ese exceso de imaginación, vemos a algunos que decían defender las libertades proponiendo medidas que las coartan, o a quienes se hicieron elegir por su defensa al capitalismo, hoy buscando restringir la libertad económica. Quienes defendemos estas ideas, tenemos que estar alerta, identificando estas malas propuestas, y a través del poder de los argumentos evitando que se implementen.


Esta semana el partido Conservador, lanzó una propuesta que busca crear un impuesto “transitorio” a quienes tengan un salario superior a diez salarios mínimos (incluso, el borrador del decreto ley está en el escritorio del ministro Carrasquilla). Seguramente fue radicada con buenas intenciones, buscando que el Gobierno tenga más recursos para enfrentar la pandemia. Sin embargo, esto genera dos inconvenientes.


El primero desde el punto de vista económico y de eficiencia en los recursos destinados a la solidaridad. Las personas con ingresos altos cuentan con un excedente que pueden destinar: 1. En ahorro que se convierte en inversión, y permite entre otras cosas inyecciones de capital a empresas sanas, que les permitirá contar con los flujos de caja necesarios para recuperar el valor perdido estos meses de cuarentena. 2. En gasto “ocioso”, es decir en adquirir bienes y servicios que no son de primera necesidad, comprándole así a miles de empresas de ropa, electrodomésticos, entretenimiento, restaurantes, librerías, cultura, entre otras, permitiéndoles tener ingresos y así evitar la destrucción masiva de empleos. 3. En donaciones. Esta crisis ha despertado el espíritu solidario de muchos, gracias a aportes individuales, se han entregado cientos de miles de mercados y ayudas a los más necesitados, ayudas además que han sido más eficientes que las entregadas por el gobierno, probado por la triste noticia de los sobrecostos y los escándalos en la contratación de las ayudas pagadas con recursos públicos.


Al quitarle este sobrante a las personas con ingresos superiores a diez salarios mínimos, se perdería capacidad de inversión en el futuro; se destruirían empleos al evitar el gasto en productos y servicios que no son de primera necesidad; y los recursos destinados a ayudas sociales, que pueden ser gastados con alta eficiencia y con altos estándares de calidad por fundaciones privadas, terminarían en manos de personas inescrupulosas dentro de los gobiernos, especialmente locales, con sobrecostos e irregularidades.


El segundo inconveniente de esta propuesta nace de una premisa equivocada. No existen impuestos transitorios, el impuesto al patrimonio, el 4 por mil, y otros han nacido como temporales y se han convertido en definitivos. Una vez el estado aumenta su recaudo, la estructura burocrática se acomoda a ese nuevo nivel de ingresos, y luego pareciera ser imposible disminuirlo y volver al nivel de antes. El impuesto que se crea hoy con la excusa de esta pandemia se mantendrá en el futuro con el pretexto del problema público de turno. Que no nos pase como en Argentina, donde el trabajador promedio trabaja los primeros seis meses del año para pagarle al gobierno, y solo disfruta de los ingresos que genera el ultimo semestre.


Para finalizar, en medio de la creatividad que despierta esta crisis, muchos han salido a exigirle al Gobierno que aumente sin restricciones el gasto, incluso Germán Vargas Lleras en su columna de El Tiempo, le propone olvidarse de la regla fiscal, y aumentar sin agüero la deuda pública. Hoy más que nunca, debemos tener grabada en la mente, y como premisa obligatoria, para analizar todo lo que leemos, esta frase que expresó la gran Margaret Thatcher, el 14 de octubre de 1983, ante sus colegas del partido Conservador:


“No olvidemos nunca esta verdad fundamental: el estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, sólo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos. No es correcto pensar que alguien lo pagará. Ese “alguien” eres “tú”. No existe el dinero público; sólo existe el dinero de los contribuyentes” (Ver vídeo)




Camilo Guzmán, es administrador de negocios, especialista en gobierno, gerencia y asuntos públicos de la Universidad Externado y la Universidad de Columbia, y Máster en Políticas Públicas de Queen Mary University of London. Actualmente es el Director Ejecutivo de Libertank.

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