La minería consciente es posible y necesaria para Colombia

Existe una percepción, bastante aceptada y difundida, según la cual la minería, entendida como la actividad relacionada con el descubrimiento y extracción de minerales que se encuentran bajo la superficie terrestre, es incompatible con la conservación de la naturaleza y que causa más daño a los trabajadores, a las comunidades locales y al medio ambiente que cualquier otra industria. En consecuencia, son muchos los que piensan que sólo en aquellos lugares donde el estado prohíbe o restringe severamente la actividad minera se logran niveles avanzados de calidad ambiental y la gente vive mejor. Estas creencias se repiten tanto y son tan frecuentes en la prensa que gran parte de las personas las consideran verdaderas.


Quienes piensan así se sustentan en casos reales, dolorosos, conmovedores y devastadores de minería depredadora, que destruye ecosistemas enteros, con imágenes aterradoras de cientos de dragas y retroexcavadoras que en poco tiempo convierten paisajes hermosos en desiertos gigantescos de arenas muertas, aguas contaminadas, cráteres y lagunas de mercurio, cianuro y gasolina que destruyen la vida, la flora y la fauna del lugar. Además, se suele relacionar a la actividad minera con la aparición de numerosos problemas sociales como las migraciones desordenadas, los despojos de tierras y los desplazamientos forzados, la desprotección, marginación y destrucción de comunidades étnicas con culturas autóctonas ancestrales, la llegada de mafias y de grupos criminales, acompañada de incrementos en la violencia, la extorsión, las amenazas, el secuestro, junto a aumentos sustanciales de enfermedades incurables entre la población.


Sin embargo, así no es toda la minería. Ese es el modelo de minería inconsciente y arrasadora que no representa a la totalidad de la industria. Predominó en Colombia durante el siglo XIX y buena parte del siglo pasado. Hoy existe donde no hay presencia de autoridad que haga cumplir la ley o donde hay corrupción de esas autoridades. Por lo tanto, es falso que estemos ante un dilema simplista con sólo dos opciones opuestas entre sí: por un lado, la prohibición o limitación estricta de la minería en general para evitar los daños de la minería inconsciente y mal hecha o, por otro lado, la permisividad con cualquier tipo de minería.


Hay una tercera opción: La minería responsable, consciente y con propósito. Aquella que se realiza de forma cuidadosa y usando las mejores prácticas para reducir lo más posible los impactos negativos tanto ambientales como sociales, logrando incluso maximizar el bienestar y las oportunidades de las comunidades y recuperar buena parte de los ecosistemas afectados por estas y por otras actividades humanas.


No es una fantasía, existe y es posible generalizarla en Colombia como medio para resolver el conflicto creado entre algunas comunidades y la industria minera, al tiempo que aprovechamos racionalmente nuestros cuantiosos y valiosos recursos mineros, en un momento de crisis, como el actual, en el que el país necesita urgentemente aumentar sus exportaciones, incrementar las regalías y el recaudo de impuestos, mejorar la infraestructura, generar empleo formal y crear más riqueza para todos.


Por el contrario, si se rechaza o se restringe duramente este tipo de minería responsable en Colombia, llevada a cabo por empresas conscientes y serias, dotadas de la mejor tecnología disponible, no solo se perdería una oportunidad de beneficiarnos de unos gigantescos y muy necesarios recursos financieros, sino que, como un efecto no deseado, se terminaría estimulando la minería ilegal, esa sí irresponsable y depredadora con el medio ambiente y con las comunidades locales. De manera que dejemos los prejuicios y apoyemos la generalización del exitoso modelo de minería responsable y consciente en Colombia.


libertank

©2020 por LIBERTANK.