Más capitalismo significa menos pobreza y menos hambre


Por Juan David García Vidal

Director Académico de LIBERTANK


Si se les preguntara a quienes tanto predican contra el capitalismo qué entienden por él, seguramente la mayoría de ellos daría su versión de lo que más odian, imputándole la culpa de todas las desgracias de la humanidad. Esas versiones son producto de una cautivadora campaña de desinformación, promovida por populistas, sobre todo, aunque no únicamente de izquierda, para tratar de soslayar los fracasos del estatismo socialista, adjudicándoselos a su opuesto, el capitalismo de libre mercado.


Debido a esa burda falsificación de la realidad, hoy es cada vez más aceptada y difundida la equivocada percepción, según la cual la humanidad se encuentra económicamente en decadencia y muchos consideran que hasta peor que en la época de aparición de los seres humanos.


Esta idea se suele apoyar en demoledoras cifras de pobreza, hambre y miseria en el planeta, como las del más reciente informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) (https://news.un.org/es/story/2019/07/1459231), según el cual, hay alrededor de 820 millones de personas que se encuentran desnutridas. Cifra similar a la del más reciente reporte del Banco Mundial (https://www.bancomundial.org/es/about/annual-report , de acuerdo con el cual alrededor de 736 millones de personas en el planeta (menos del 10% de la población mundial) viven en la pobreza extrema, sin un refugio decente, sin salud y sin educación; con un ingreso promedio de menos de 1,90 dólares al día; mientras que otras 1.900 millones de personas (el 26% de la población mundial) viven, en condiciones parecidas, con menos de 3,20 dólares al día.


Al observar estos terribles datos, muchos salen a culpar al sistema capitalista y a vociferar: "¡otro mundo es posible!". Asimismo, se organizan marchas, protestas y foros para, según sus líderes y activistas, trazar caminos diferentes al capitalismo "salvaje" y a la "injusta" globalización.


Al contrario de lo que sostienen los opositores al capitalismo, la pobreza, el hambre y la miseria no son fenómenos recientes en la historia de la humanidad. El ser humano desde su alborear ha vivido en una miseria permanente, tratando conseguir lo básico para sobrevivir cada día. Sólo muy recientemente, hace poco más de 200 años, con el advenimiento de la Revolución Industrial, es decir, del capitalismo moderno, el ser humano empezó a salir de la miseria en la que vivió por miles de años.


En los 1.000 años anteriores al capitalismo moderno, el ingreso promedio de la humanidad creció alrededor del 50 por ciento. Sin embargo, según estudios históricos del mismo Banco Mundial, desde 1820, cuando empezó a extenderse el capitalismo por el mundo, el ingreso promedio de los seres humanos ha crecido alrededor de 1.000 por ciento. Es decir, con el capitalismo, se ha reducido más la pobreza y se ha creado más riqueza, que en todo el resto de la historia humana.


Si a principios del siglo XIX había unas 100 millones de personas que vivían dignamente (el 10% de la población mundial, que ya es bastante), actualmente casi 3.500 millones de seres humanos tienen cubiertas todas sus necesidades básicas. Y si todavía hay pobreza y hambre, no es porque exista capitalismo, sino por su ausencia. Según el Banco Mundial, es en los países del África Subsahariana donde se concentra casi el 85% de la pobreza extrema del mundo, precisamente esta es la región en la cual menos capitalismo de libre mercado existe, según el Índice de libertad económica 2019 (https://www.heritage.org/index/), elaborado anualmente por la Heritage Foundation y por el periódico Wall Street Journal.


En los últimos 60 años, los mismos de la vilipendiada globalización liberal, se ha producido la mejora más importante para la humanidad. Hace 6 décadas, cuando empezó el sistema multilateral de comercio con sus reducciones arancelarias, alrededor del 50% de la población mundial vivía con un dólar o menos al día. Pero desde la década de 1980, cuando se aceleró el proceso de globalización de la economía, la pobreza absoluta ha ido descendiendo hasta ubicarse en menos del 10% de la población mundial en la actualidad. Todo esto a pesar de que en los últimos 60 años la población mundial ha crecido en casi 2 mil millones de personas.


Según cifras del Banco Mundial, todos los indicadores del bienestar humano han mejorado, precisamente en aquellos países pobres, como China e India, que están aplicando cada vez más reformas de libre mercado. En esos países, en conjunto, la esperanza de vida ha pasado de 46 a 68 años desde 1960. La mortalidad infantil ha bajado, en ese mismo período, del 18 al 4 por ciento. Al tiempo que en 30 años, la desnutrición ha disminuido del 37 al 14 por ciento.


Sin embargo, a pesar del aumento general del bienestar en el mundo, en gran parte de África subsahariana las condiciones no mejoran al mismo ritmo. La extrema pobreza ha bajado allí muy lentamente, pasando del 45% al 43% en los últimos 25 años, debido a la ausencia de una verdadera economía de libre mercado, a la presencia de gobiernos corruptos e ineptos, a las políticas socialistas, a las guerras civiles y a las luchas tribales.

Ahora bien, volviendo al panorama general de la humanidad, fuera de reducir el número de pobres, el capitalismo también ha disminuido la distancia entre ricos y pobres, y ha facilitado la movilidad entre clases sociales. En otras épocas, la clase media era prácticamente inexistente y era casi imposible acceder a la clase alta. Con el capitalismo, alcanzar cualquier nivel social es posible. Así lo muestra el coeficiente de Gini, en un estudio que ha medido históricamente la desigualdad en el mundo desde 1970 (https://uom.uib.cat/digitalAssets/196/196698_6.pdf). Pero, extrañamente, lo que ha producido esto es un mayor reproche al sistema y más resentimiento contra los opulentos, porque como bien apuntó Alexis de Tocqueville: "Mientras más pequeñas las distancias sociales, más intolerables parecen".


Lo que sí hay que reconocer es que el capitalismo presenta numerosos defectos, crisis y vicios, debido a que no parte de un pensamiento utópico (que imaginariamente es perfecto), sino de un manejo de la realidad, que es siempre compleja e imperfecta. El capitalismo se sustenta en la libertad y la responsabilidad personal, por ello las únicas sociedades libres y democráticas que han existido, han sido también capitalistas. En síntesis, para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo, se necesita más capitalismo, o sea más libertad económica, más respeto por la propiedad privada, más facilidad para hacer negocios y más globalización. No hay otro camino.

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