En defensa de las empresas privadas

Las empresas privadas de negocios son uno de nuestros principales aliados para superar exitosamente la crisis sanitaria, económica y social, generada por la pandemia del coronavirus. Sin empresas fuertes y productivas no será posible lograr una verdadera recuperación general, que se traduzca en bienestar para la población, particularmente para la más pobre y vulnerable.

Al fin y al cambo, son las empresas privadas de negocios las que están mejor capacitadas y las que cuentan con los incentivos adecuados para aprovechar inteligentemente los recursos escasos que hay en el mundo y el conocimiento disperso de la humanidad, poniéndolos al servicio de los intercambios libres, en el marco de la cooperación social voluntaria del mercado. Son las empresas las que crean riqueza donde antes no la había, no los estados que la expropian compulsivamente. Son las empresas las que coordinan el ingenio humano para ponerlo al servicio de los demás, compitiendo arduamente por satisfacer las necesidades de los consumidores, ofreciendo productos y servicios de mejor calidad y mejor precio. Si no hay privilegios y protecciones especiales otorgadas arbitrariamente por el poder político del estado, las empresas que no satisfacen a los consumidores, o sea a todos nosotros, desaparecen, en cambio las que sí lo hacen, crecen y prosperan. Esa es la verdadera democracia del mercado, en la que las empresas se presentan a unas elecciones permanentes, verdaderamente libres y plurales, en las que los consumidores, que somos todos, eligen o rechazan los productos y servicios ofrecidos por los emprendedores. También son las empresas las que generan empleos productivos, permitiendo el sustento, la educación y la salud, de millones de familias. Son las empresas las que pagan la mayor parte de los impuestos que sostienen los erarios de los estados.

Son, además, las empresas privadas de negocios las que tienen las capacidades, los incentivos, los recursos y la flexibilidad para desarrollar y poner a nuestra disposición, de forma rápida y asequible, las vacunas, los medicamentos, los tratamientos y los artículos de higiene, protección y primera necesidad para vencer y sobreponerse a pandemias como la actual del COVID-19.

En este sentido, mantener y fortalecer un tejido empresarial sólido, productivo y competitivo, es algo que nos interesa a todos. Las empresas son parte fundamental de la civilización moderna. Son estructuras intermedias de la sociedad civil que todos debemos preservar y que no se sostienen por sí mismas, sino que requieren de nuestro apoyo, vigilando que se respete la propiedad privada, la seguridad, la justicia y el cumplimiento de los contratos, en el marco del estado de derecho y la igualdad ante la ley. Las empresas privadas de negocios han surgido libre y evolutivamente como instituciones sociales más grandes que los individuos que las componen, pero más pequeñas que el estado. Son formas de organización social privadas y voluntarias a la vez, que se ubican como un amortiguador entre los individuos y los estados. Son, después de la familia, la institución más importante de la sociedad civil.

Como bien lo anota Michael Novak, en su libro, Los negocios como vocación: “actualmente la mayoría de los bienes no pueden producirse a través del trabajo de un individuo aislado. Virtualmente todo requiere de la cooperación de muchas personas que trabajan hacia una meta común (…) El sistema moderno de negocios expresa la interdependencia de toda la raza humana" (Novak, Michael, Los negocios como vocación (1998). Buenos Aires, Argentina, Ed. EMECÉ, pág. 144 y 145).

Ahora bien, las empresas no surgieron por casualidad o por planes maléficos de determinadas clases sociales para subyugar a los más pobres. Son producto de la necesidad y de la evolución de las comunidades humanas. Por eso están en constante cambio y adaptación. Esto es así porque una economía que sea cada vez más libre y abierta, permite identificar mejor cuáles son las necesidades de los consumidores dentro de un país y alrededor del mundo, lo cual facilita una transmisión más rápida y veraz de la información sobre las oportunidades de inversión en distintos lugares del país o del planeta, dando lugar a la posibilidad de especializarse en aquello para lo cual se es más productivo. Son las empresas, como asociaciones voluntarias y organizadas de individuos, las que, a través de la cooperación, la innovación y la toma de riesgos, logran no solo mayores ganancias y beneficios, sino también mayor influencia y poder.

El crecimiento y la multiplicación de las empresas en el mundo durante los últimos 200 años (especialmente desde la revolución industrial), ha significado un cambio trascendental en la humanidad, pues han sido el principal factor creador de la mayor cantidad de riqueza en toda la historia de la humanidad. Recordando lo que decíamos en otro artículo para LIBERTANK: “En los 1.000 años anteriores al capitalismo moderno (y del auge de las empresas privadas de negocios), el ingreso promedio de la humanidad creció alrededor del 50 por ciento. Sin embargo, según estudios históricos del Banco Mundial, desde 1820, cuando empezó a extenderse el capitalismo por el mundo, el ingreso promedio de los seres humanos ha crecido alrededor de 1.000 por ciento. Es decir, con el capitalismo, se ha reducido más la pobreza y se ha creado más riqueza, que en todo el resto de la historia humana”.

A pasar de esta realidad histórica comprobable, frecuentemente se acusa a las empresas privadas de explotar a los trabajadores y hasta de saquear las riquezas de los países pobres donde se instalan. También se les suele culpar de entrometerse en la política de los países anfitriones, de monopolizar mercados, de arruinar a los pequeños empresarios, entre otras duras recriminaciones.

Ciertamente, las empresas, como toda organización humana, no están compuestas por ángeles y tampoco son asociaciones de seres impolutos. Es cierto que muchas de ellas han incurrido (y siguen incurriendo) en excesos, errores, abusos y hasta delitos, todo lo cual precisa de investigaciones, observaciones y críticas, serias y constructivas. Sin embargo, de ahí a considerarlas destructivas y rapaces, hay una abismal diferencia. No es sensato satanizar, a priori, la actuación de las empresas privadas, pero tampoco hay que santificarlas. Lo razonable es hacer un balance sobre sus efectos positivos y negativos, para sacar las conclusiones pertinentes.

En épocas de crisis, como la actual, casi siempre aparece la moda de achacarle la culpa de los peores males del mundo a las empresas privadas de negocios, en particular a las llamadas multinacionales. Una de las acusaciones más generalizadas (y más injustas) es la de considerar a estas empresas un instrumento de las grandes potencias para saquear y colonizar a los países pobres. ¿Tiene esto algo de sentido? Ninguno, la verdad es que para colonizar y saquear un país existen mecanismos mucho más expeditos como la invasión o la amenaza militar. Además, las empresas multinacionales operan principalmente entre los países ricos y desarrollados. En términos absolutos, son pocas las que se instalan en países pobres.

Las empresas multinacionales, no son un estado, no representan a un estado, tienen su origen en muchos lugares y es cada vez más común que tengan su origen en países pobres (véase casos como Televisa y Telmex de México, Carvajal, ISA, Suramericana y Postobón de Colombia, Arcor de Argentina, el grupo Gloria de Perú, Wipro de la India, etc.). Gastan millones de dólares en infraestructuras, instalaciones, trabajadores, capacitación e impuestos, con el ánimo, totalmente legítimo y respetable, de obtener ganancias, de crear riqueza donde no la hay, o de lo contrario, no harían esas inversiones. Como bien señala el economista sueco Johan Norberg: “Las multinacionales que invierten en países pobres le llevan nueva maquinaria, mejor tecnología, mejor gestión e ideas para la producción, un mercado más amplio y educación para sus trabajadores, que incrementará su productividad y bienestar. 130 años atrás, Suecia pudo obtener capital de Inglaterra para invertir y desarrollar su propia producción e infraestructura, pudo vender más bienes y pudo finalmente comprar bienes más avanzados. ¿Y cómo pagamos esto? ¡Teniendo tasas de crecimiento mucho más altas!”.

Otra diatriba bastante común contra las empresas privadas de negocios tiene que ver con los bajos salarios que pagan en los países pobres donde se instalan o se desarrollan. Se nos dice que se está explotando y esclavizando a los trabajadores. Sin embargo, ¿son realmente bajos los salarios que pagan las multinacionales en los países pobres? La respuesta es sí, comparados con los salarios de los países ricos y desarrollados, pero es no, si los comparamos con el nivel salarial dentro del respectivo país. Tal como lo explica el gran economista estadounidense Thomas Sowell: "De acuerdo con la revista The Economist , las empresas multinacionales habitualmente pagan aproximadamente el doble que los empresarios locales en los países del Tercer Mundo. Esos salarios están aún muy por debajo de lo que los trabajadores reciben en países más acomodados. Al igual que la productividad de los trabajadores del Tercer Mundo". En efecto, para los trabajadores de los países pobres la opción es, en muchos casos, o trabajar en estas empresas multinacionales o quedarse en el desempleo o la informalidad.

A las empresas privadas, especialmente a las más grandes, también se les suele señalar como las culpables de monopolizar mercados y llevar a la quiebra a pequeños empresarios. Esta imputación sólo tiene sentido cuando estas empresas operan en economías cerradas y proteccionistas, con regímenes políticos corruptos que acuerdan con ellas, a cambio de financiación de campañas políticas, de coimas y sobornos, determinados privilegios arancelarios y de exclusividad, junto con subsidios y otros beneficios. Se trata de prácticas que, al eliminar la competencia libre, producen un encarecimiento generalizado de los productos y servicios, disminuyendo injustamente las posibilidades de elección a los consumidores. En cambio, la globalización y la liberalización económica, si bien les da a las empresas más libertad para comerciar e invertir, al mismo tiempo, les quita poder a las empresas más grandes. Esto es así porque, como bien señala Norberg en su muy recomendable artículo Los beneficios del capitalismo global, “en un mercado libre, las empresas son como camareros; son libres de ofrecerte el menú pero si no estás interesado puedes ir a cualquier otro sitio. El comercio libre significa que otros camareros, incluso extranjeros, pueden ofrecerte menús en competencia. Tú estás al cargo. Puede que sean las grandes empresas y los bancos quienes transporten bienes y capitales a través de las fronteras, pero si no fuera por el hecho de que existe una demanda popular por ellos, no lo harían".

Así las cosas, se puede afirmar que las empresas privadas de negocios no son, en sí mismas, perjudiciales para la humanidad, lo dañino son las políticas económicas restrictivas del comercio y la competencia libre que suelen adoptar los gobiernos de los países.

Así pues, los estados y sus gobiernos han adoptado diferentes posiciones frente a las empresas privadas. Algunos, como Cuba, Zimbabue, Corea del Norte o Venezuela han optado, alegando motivos de soberanía nacional, por una actitud hostil frente a la mayoría de las empresas privadas y han establecido legislaciones que les imponen cargas, impuestos, regulaciones y controles muy estrictos y costosos, también han llegado a imponer o restringir la inversión extranjera directa en sus países. Otros estados, como es el caso de Colombia, han alentado tímidamente, siempre con importantes restricciones, impuestos y exigencias, el desarrollo empresarial y la inversión de multinacionales en sus países. Pero hay otros casos, precisamente los que ostentan mayores tasas de crecimiento económico y mejoras más significativas en bienestar social, como Suiza, Alemania, Taiwán, Corea del Sur, Singapur, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia, Dinamarca o Chile, que han abierto las puertas a la entrada de empresas multinacionales y han fijado una relación de colaboración y complementariedad que, dentro de un marco jurídico amplio pero claro, ha producido beneficios recíprocos.

Otro beneficio de las empresas privadas de negocios, en un marco de libertad económica, es que contribuyen a la vigencia de democracias pluralistas, en las que se respetan las libertades básicas de la población. Como bien señala Michael Novak: "la empresa privada de negocios es una condición necesaria (pero no suficiente) para el éxito de la democracia" (Novak, Michael, ibídem, pág. 156). Ninguna democracia puede funcionar bien si le cierra las puertas al desarrollo libre de empresas privadas, porque no sólo restringe la libertad de elección de sus ciudadanos (en cuanto a consumo, inversión, ahorro y trabajo), sino que también impide la consolidación de una clase empresarial independiente y fiscalizadora del estado y del poder político. El sector privado es esencial, en su conjunto, para promover y presionar por la libertad y la democracia pluralista, al constituirse en límites al poder del estado en la economía y en la sociedad en general.

En cuanto a la sociedad civil y las estructuras intermedias, es insoslayable el papel que han jugado las empresas privadas en su fortalecimiento. Por un lado, se han constituido en un claro ejemplo de asociación voluntaria de miles e incluso millones de personas alrededor del mundo, ya sea como empleados, accionistas, proveedores, clientes o contratistas, con la motivación común de obtener beneficios, sirviendo a la sociedad. Por otro lado, han propiciado el surgimiento de nuevas estructuras sociales intermedias como sindicatos, ONG, movimientos de protesta (muchos contra las mismas empresas), institutos y centros de pensamiento, etc.

Además, las empresas de negocios suelen financiar diversas fundaciones y entidades sin ánimo de lucro para labores humanitarias, filantrópicas o de investigación científica y educación. Las empresas privadas promueven y realizan, en muchos casos, no sólo negocios y actividades comerciales (que traen inmensos beneficios sociales), sino también donaciones y ayudas con fines filantrópicos y caritativos (véase los casos de Bill Gates, Rupert Murdoch, John Rockefeller y Andrew Carnegie en Estados Unidos o Alejandro Echavarría, Alejandro Ángel, Pablo Tobón Uribe y Carlos Ardila Lülle en Colombia). Actualmente,con ocasión de la crisis del coronavirus, se han multiplicado las ayudas humanitarias de miles de empresas y empresarios privados en Colombia y alrededor del mundo, tal como lo viene destacando y reconociendo el nuevo centro de pensamiento: LIBERTANK.

Si bien la conclusión a la que se puede llegar es que las empresas privadas de negocios han sido principalmente beneficiosas para todos, no se puede afirmar lo mismo, en términos generales, respecto a su interferencia en la creación de legislaciones y en la creación de lobbies o grupos de presión para la defensa de intereses gremiales y empresariales frente al estado. Muchas empresas privadas o grupos de ellas han creado poderosos lobbies o equipos especializados en presión política para promover y proteger sus intereses especiales. A través de ellos, varias empresas privadas han influido en la creación de legislaciones y regulaciones estatales para evitar que puedan entrar libremente productos, servicios y empresas de determinados países. También estos grupos de presión suelen pasar de la competencia en el mercado económico, por calidad y precios, a la competencia en el mercado político, por dádivas gubernamentales, aranceles, subsidios y demás privilegios. Estas políticas restrictivas de la libertad económica son contrarias al verdadero capitalismo de libre mercado y son propias de un capitalismo mercantilista, basado en beneficios especiales del poder político a algunos empresarios que prosperan bajo su protección.

Con todo, y a pesar de ciertos casos especiales y aislados de empresarios corruptos e inescrupulosos, las empresas privadas de negocios, como institución social, constituyen un poder fundamentalmente beneficioso para la humanidad en general y para países como Colombia en particular. Promueven la creatividad, la cooperación, el empleo productivo, el comercio, el desarrollo, la caridad, la salud, la educación, la democracia pluralista, el bienestar general y la libertad. Por ello, son nuestro mejor aliado para recuperarnos de esta y de otras crisis que nos amenacen en los años venideros.


BIBLIOGRAFÍA

· NOVAK, Michael, El espíritu del capitalismo democrático, quinta edición (1988). Buenos Aires, Argentina, Ediciones tres tiempos.

· NOVAK, Michael, Los negocios como vocación (1998). Buenos Aires, Argentina, Ed. EMECÉ.

· NORBERG, Johan (2002), "Los beneficios del capitalismo global" en: www.liberalismo.org/articulo/97/.

· SOWELL, Thomas, "Indignación S.A.", en: http://www.liberalismo.org/articulo/73/.



Juan David García Vidal, es abogado, con maestrías en derecho económico y negocios internacionales en la universidad de Georgetwon y en relaciones internacionales en la Universidad Externado y el Instituto de Estudios Políticos de Paris. Ha trabajado en el Banco Mundial, ha sido catedrático en la Universidad EAFIT, actualmente es conferencista, asesor jurídico y director académico de LIBERTANK.

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