Editorial: El elogio a la empresa privada

Ya hace varias décadas que el Antioqueño Estanislao Zuleta escribió uno de los más bellos textos sobre la trascendencia de la dificultad. Y escribir sobre la dificultad es sin duda, escribir sobre el elogio a quienes emprenden la titánica y heroica tarea de crear empresa de forma honesta y consciente.


Las empresas privadas de negocios son instituciones fundamentales en la vida económica, social y política de los colombianos. Son pilares fundamentales para la convivencia civilizada y para el éxito de la vida democrática. Probablemente, en Colombia ha faltado reconocer más el invaluable aporte de los grandes empresarios en la mejoría de nuestra calidad de vida. Por ejemplo, le debemos un enorme reconocimiento a personajes como Alejandro Echavarría, padre de la industria textil en Colombia y filántropo de la salud, o como José María Acevedo, cuyo trabajo ha permitido a millones de hogares colombianos acceder a electrodomésticos, o como Gustavo Toro, quien permitió que millones de colombianos podamos adquirir productos variados en un solo lugar.


Es la vida ejemplar de estos gigantes empresariales colombianos la que debería ser admirada y conocida por la gente, en lugar de los casos negativos de personajes sórdidos pero populares como Pablo Escobar, Carlos Castaño, Tirofijo o Timochenko. Necesitamos más series y programas de televisión sobre empresarios ejemplares y menos sobre narcotraficantes.


Como bien lo destaca el gran economista argentino, Alberto Benegas Lynch:

“Al ingenio del empresario le debemos los alimentos, los medicamentos, los transportes aéreos, marítimos y terrestres, los computadores, los progresos en la cibernética, las comunicaciones, los libros, el teatro, los diques y represas, las tiendas, los comercios, la vestimenta, la refrigeración, los muebles, la edificación y prácticamente todo lo que nos rodea”.

En consecuencia, si esta institución social se debilita o pierde prestigio, peligran nuestras oportunidades para progresar y para generar riqueza. Menos fortaleza empresarial implica menos empleo y, por ende, menos independencia frente al estado y menos bienestar social. En este sentido, las empresas son una garantía de libertad y de progreso para todos. Además, son la fuente principal de ingresos del gobierno. Sin empresas, no hay recursos económicos para pagar los programas estatales. En Colombia, se estima que las empresas asumen más de 80% de los impuestos directos recaudados.


Los empresarios evocan constantemente las palabras sabias del maestro Estanislao con su trabajo arduo y lleno de obstáculos.Por estos días hemos podido presenciar el esfuerzo de muchos de ellos para mantener a sus empleados, en muchas ocasiones enfrentando todo tipo de dificultades y en contra hasta de sus familias.

Bien se menciona en el texto “Elogio a la dificultad” que:

“Hay que poner un gran signo de interrogación sobre el valor de lo fácil; no solamente sobre sus consecuencias, sino sobre la cosa misma, sobre la predilección por todo aquello que no exige de nosotros ninguna superación, ni nos pone en cuestión, ni nos obliga a desplegar nuestras posibilidades”.


La existencia de las empresas privadas son un elogio a la dificultad, a la trascendencia del esfuerzo humano por crear industrias que generen no solo valor y riqueza a la humanidad, sino tambien dignidad, conciencia y valor sobre la fuerza moral del trabajo bien hecho.


Para terminar, nos tomamos el atrevimiento de cambiar a un tono positivo una de las grandes críticas del Maestro Zuleta


“Deberíamos anhelar una sociedad en la que sea realizable y necesario trabajar arduamente para hacer efectivas nuestras posibilidades, rechazando nuestro deseo por un mundo de satisfacción y abundancia recibido pasivamente.”

De hecho, no es posible llamar empresario a quien no aplique estas últimas palabras a su vida cotidiana.

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