Crisis del petróleo: proyecto iceberg

Por: Sergio Escobar


El mundo anda bien convulsionado en estas semanas y su rotación física pareciera detenerse por la fuerza de una pandemia y por la desaceleración de un componente importante energético como es el petróleo y de lo que allí se deriva. Hay un ambiente de crisis.


Si es por la pandemia, la civilización no es la primera vez que experimenta un brote de dimensiones mundiales que se extiende allende fronteras. Desde antes del inicio del actual calendario mundial, se tiene noticia de las plagas de Atenas. Las primeras epidemias con registro científico histórico fueron la Peste Antonina y la Plaga de Justiniano en el amanecer del primer milenio. También estuvieron las pestes presentes en los siglos XVII, XVIII y XIX; una pandemia del siglo XX; y las epidemias que ya llevamos en la presente centuria. Y ninguna ha podido paralizar al mundo.


Estas enfermedades generan incertidumbre, preocupación y angustia. También desasosiego social, tensión política, así como descubrimientos científicos. El mundo sigue girando, con menos habitantes quizás, pero con más interacción que antes. Y en esta ocasión, tomará un tiempo entenderlo como sociedad y tener confianza para volver a circular al aire libre.


En el caso del petróleo, la civilización también ha pasado por varias crisis, empezando por la que detonó la entrada de los EE. UU. a la segunda guerra mundial cuando los japoneses atacaron a Pearl Harbor en retaliación por el embargo petrolero que afectaba sus intereses bélicos pasando por las más conocidas de 1973 y 1979 originadas por dos conflictos armados distintos. Y antes de apagarse el siglo pasado, otra confrontación bélica hizo emerger una crisis en 1990.


Esta crisis del petróleo es bien diferente a las anteriores porque en vez de subir el precio del barril del petróleo, lo baja a niveles muy inferiores del costo estándar de producción mundial por ocasión de la desaceleración económica mundial provocada por la pandemia. En segundo lugar, porque tiene un contenido político pues EE. UU. ha logrado impedir, temporalmente, que Rusia lleve adelante el ambicioso Proyecto Iceberg que explotaría los recursos del Ártico, la última frontera por descubrir con enormes yacimientos minero-energéticos.


Rusia responde entonces con una guerra de precios con Arabia Saudita en la OPEP y provoca una caída inmediata de los precios del petróleo a nivel mundial afectando directamente a los poderosos intereses de la industria del fracking especialmente localizados en Texas, reconocidos por su generosidad con Trump.


Y es de Texas donde vendría la solución a esta crisis. Llamarán a Trump para que a su vez llame a sus colegas de Arabia Saudita y Rusia para lograr un acuerdo que los beneficie a todos y harán que el precio suba de nuevo en un mercado mundial que está a la baja. Pero el mundo está diferente a cuando se rompió el acuerdo de precios. Cada vez hay menos autos circulando, menos aviones volando y menos buques navegando hasta que se logre controlar la pandemia que nos afecta. O sea, no hay quien consuma el petróleo y seguirá con precios muy bajos.


Fuentes: BBC, NYTimes, OPEP, Texas Economic Development, MID Russian Government




Sergio Escobar, es diplomático de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, especializado en Relaciones Internacionales en Italia y Brasil y realizó estudios de derecho en la Universidad Javeriana. Ha sido funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia en planta interna y en el exterior como México, Costa Rica, Italia y embajador encargado en Brasil, representando a Colombia en múltiples reuniones bilaterales y multilaterales orientadas al desarrollo y promoción de exportaciones y negocios en foros multilaterales y en diferentes países. También se desempeñó como Director Comercial de las Oficinas Comerciales de Procolombia en México y Costa Rica y Representante de BANCOLDEX en México. Fue Director Ejecutivo de la Agencia de Cooperación e Inversión Internacional de Medellín.

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