Editorial: Bienvenido el debate del federalismo


Siempre hemos escuchado que Colombia tiene todo el potencial para ser un país más avanzado socioeconómicamente, pero siempre lo percibimos igual de quedado. Claramente, Colombia ha avanzado en muchos aspectos durante los últimos 20 años, pero curiosamente siempre ha estado relegado a ser la tercera o cuarta economía de la región, pudiendo perfectamente ser la segunda después de Brasil o incluso la primera en Latinoamérica.

Muchos le atribuyen la culpa al narcotráfico, al terrorismo y la corrupción. Sin duda, estos males han hecho muchísimo daño y han estancado el proceso de desarrollo del país en algunos aspectos y en algunos periodos de tiempo con más fuerza. No obstante, hay algo que ha sido un verdadero yugo para el desarrollo de Colombia por décadas y es el centralismo.

Por estos días, se volvió a abrir el debate del federalismo en Colombia, como se hace de vez en cuando; esta vez con mucho eco. Algunos dicen que en Colombia no es posible el ordenamiento federal y exponen una serie de argumentos legales y técnicos para guían el debate hacia lo imposible e inoportuno. No obstante, sí es oportuno y está claro que se ganaría más de lo que hemos perdido hasta la fecha. Estamos corriendo con un enorme costo de oportunidad.

Colombia ha perdido mucho sin lugar a dudas por ese centralismo que se aferra fuertemente y pesa como un yunque que ralentiza el camino hacia el verdadero progreso. Colombia es la suma de todas sus regiones, todas tan diversas y con tanto potencial inexplorado e inexplotado. Bogotá ha funcionado como una torre de control obsoleta y con poca visibilidad, que emite las mismas soluciones a problemáticas tan diferentes en cada región. Muchas veces, el centralismo ha actuado como palo en la rueda para muchas regiones que tienen bríos y piden pista para enrutarse en ambiciosos proyectos que generan desarrollo, pero desde Bogotá les ponen todo tipo de trabas, terminando por destruir sueños de progreso. Por otra parte, el centralismo ha convertido otras regiones en perezosas y altamente dependientes de la teta del Estado, quedando conformes con lo que les llega desde Bogotá, mientras sobreviven gracias a las regiones que sí producen.

El país tiene regiones diversas y cada región tiene problemáticas diferentes que no pueden abordarse de la misma manera, ni resolverse con el mismo plumazo desde un escritorio en Bogotá. El federalismo genera una competencia entre regiones que fomenta el desarrollo y en sumatoria es más beneficioso para el país. Las regiones competirían por atracción de inversión, manejo de impuestos y regalías, en la gestión fiscal, por la calidad de vida de sus habitantes y por explotar sus ventajas comparativas y competitivas al máximo sin ningún obstáculo burocrático del centralismo.

Los únicos que le temen al federalismo son los burócratas de siempre y los corruptos de las regiones. El federalismo haría sacudir a las regiones y animaría a que los ciudadanos eligieran mejor a sus gobernantes regionales, rompiendo así el lazo de favores entre Bogotá y las regiones que tanta corrupción genera.

La autonomía genera disciplina. Y aplica para todo, en la vida y en el ordenamiento territorial del Estado.

Pensemos en Panamá. Se separó de Colombia hace más de un siglo y decidió sin complejos trabajar en su ventaja comparativa más grande: su ubicación geoestratégica. Hoy Panamá tiene un canal interoceánico, un importante hub aéreo y rascacielos que rinden cuentas de su evidente progreso.

¿Se imaginan si Panamá siguiera dependiendo de Bogotá? Seguramente estaría igual o peor que el Chocó.


Bienvenido entonces el debate del federalismo en Colombia.

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